
Si repasamos las encuestas recientes relacionadas con el consumo de celulares en la Argentina, no debe resultarnos extraño o asombroso pensar en una marcada dependencia hacia las nuevas tecnologías.
Me parece interesante resaltar la mirada de algunos estudiosos del tema que plantean que las telecomunicaciones actuales no eliminan la geografía, al igual que los servicios de transporte. Las transforman al crear o impulsar nuevas áreas en el espacio terrestre donde aparecen nuevos centros de acción.
Las telecomunicaciones y las computadoras se están mimetizando con el entorno cotidiano.
Mientras que hace sólo 10 años atrás los celulares eran utilizados por empresarios que lo contemplaban como una herramienta fundamental para llevar adelante sus negocios, hoy en día se puede ver a chicos y a grandes, de diferentes clases sociales y empleos, cómo lo utilizan, llegando al punto tal de no poder vivir sin él.
Y en esto debo incluirme, lo usamos para ir a trabajar o a la facultad, lo llevamos cuando vamos a bailar, no lo apagamos de noche, lo miramos mientras comemos, jugamos a sus juegos y aprovechamos el viaje en colectivo para mandar mensajitos de texto.
Por supuesto que frente a esta situación, como a tantas otras, existen detractores. Los mismos opinan que no es más que otro frívolo signo de los tiempos.
Creo que hay que abrirse a la tecnología y saber utilizar de ella todo lo que más podamos y aquello que nos sea realmente útil. Porque si nos negamos quizás nos estemos perdiendo de algo increiblemente provechoso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario